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Nuestra

Historia

Todo empezó sin tener ni idea

Karinto empezó con una psicóloga (Ange), un ingeniero (Santi), una pandemia y muuuy pocos conocimientos…

Cuando me gradué como psicóloga, me di cuenta de que la universidad me había entregado más que un título. Me entregó un propósito y un pedacito de lo que sería este sueño.

Yo vendía chocolates en la universidad para generar algunos ingresos, así que, en plena pandemia, recién graduada, sin poder conseguir trabajo y con más preguntas que certezas, saqué unas cajitas con chocolates para el Día de la Madre. No eran nada wow; pero tenían propósito e intención.

Muchas personas que me compraron me dijeron que los chocolates estaban muy ricos y que el mensaje y el propósito les había parecido hermoso… ¡que habían llorado y todo! Y eso me emocionó demasiadooooo.

Ahí me di cuenta de que no solo quería vender chocolates deliciosos, sino que quería generar muchas emociones bonitas a través de ellos.

Así que me obsesioné con el cacao. Empecé a explorar el chocolate real, los rellenos, los colorantes, a darle concepto y significado a cada cajita… y, en medio de todo ese proceso, se me ocurrió decirle a Santi: “¿y si hacemos esto juntos?”.

Le dio susto. Obvio, porque tampoco conocía mucho del mundo del chocolate, pero, con susto y todo, dijo que síiiii…

Y ahí empezó todo:

El mejor equipo…

Yo: súper soñadora y emocional, le encuentro significado a todo jajaja.
Y Santi: más estructurado, más lógico, más aterrizado.

¡Un equipazoooooo!

Empezamos en la mesa del comedor, con varios intentos muy, muy fallidos jajajaja, pero que nos dieron mucha experiencia y con una incertidumbre giganteeee de lo que se suponía “estábamos construyendo”. Mientras tanto, ambos trabajábamos en otras cosas y el tiempo no nos estaba dando, así que empezaron las preguntas:

¿Sí podremos con todo?
¿Será que renunciamos al trabajo?
¿Dejamos Karinto?

Hasta que Dios hizo lo suyo: una oportunidad, una señal, un “muévanse, que es por aquí”.

Y nos movimos.

Entendimos que era mucho más que chocolate…

Lo que empezó como algo chiquito empezó a crecer, a tener más reconocimiento…
No solo por el chocolate, sino por lo que somos capaces de hacer sentir con él.

Karinto empezó a dejar de ser solo nuestro para volverse también de ustedes: de cada persona que ha vivido la experiencia de dar o de recibir una de nuestras cajitas, de cada mensaje y de cada abrazo que ha viajado dentro de una caja.

Hoy seguimos creciendo, aprendiendo y soñando más grande (aunque a veces todavía con sustico). Esta historia la seguimos construyendo… y qué bonito que la estemos construyendo juntos.

Nuestra historia

Hola...

Todo empezó sin tener ni idea

Karinto empezó con una psicóloga (Ange), un ingeniero (Santi), una pandemia y muuuy pocos conocimientos…

Cuando me gradué como psicóloga, me di cuenta de que la universidad me había entregado más que un título. Me entregó un propósito y un pedacito de lo que sería este sueño.

Yo vendía chocolates en la universidad para generar algunos ingresos, así que, en plena pandemia, recién graduada, sin poder conseguir trabajo y con más preguntas que certezas, saqué unas cajitas con chocolates para el Día de la Madre. No eran nada wow; pero tenían propósito e intención.

Muchas personas que me compraron me dijeron que los chocolates estaban muy ricos y que el mensaje y el propósito les había parecido hermoso… ¡que habían llorado y todo! Y eso me emocionó demasiadooooo.

Ahí me di cuenta de que no solo quería vender chocolates deliciosos, sino que quería generar muchas emociones bonitas a través de ellos.

Así que me obsesioné con el cacao. Empecé a explorar el chocolate real, los rellenos, los colorantes, a darle concepto y significado a cada cajita… y, en medio de todo ese proceso, se me ocurrió decirle a Santi: “¿y si hacemos esto juntos?”.

Le dio susto. Obvio, porque tampoco conocía mucho del mundo del chocolate, pero, con susto y todo, dijo que síiiii…

Y ahí empezó todo:

El mejor equipo…

Yo: súper soñadora y emocional, le encuentro significado a todo jajaja.
Y Santi: más estructurado, más lógico, más aterrizado.

¡Un equipazoooooo!

Empezamos en la mesa del comedor, con varios intentos muy, muy fallidos jajajaja, pero que nos dieron mucha experiencia y con una incertidumbre giganteeee de lo que se suponía “estábamos construyendo”. Mientras tanto, ambos trabajábamos en otras cosas y el tiempo no nos estaba dando, así que empezaron las preguntas:

¿Sí podremos con todo?
¿Será que renunciamos al trabajo?
¿Dejamos Karinto?

Hasta que Dios hizo lo suyo: una oportunidad, una señal, un “muévanse, que es por aquí”.

Y nos movimos.

Entendimos que era mucho más que chocolate…

Lo que empezó como algo chiquito empezó a crecer, a tener más reconocimiento…
No solo por el chocolate, sino por lo que somos capaces de hacer sentir con él.

Karinto empezó a dejar de ser solo nuestro para volverse también de ustedes: de cada persona que ha vivido la experiencia de dar o de recibir una de nuestras cajitas, de cada mensaje y de cada abrazo que ha viajado dentro de una caja.

Hoy seguimos creciendo, aprendiendo y soñando más grande (aunque a veces todavía con sustico). Esta historia la seguimos construyendo… y qué bonito que la estemos construyendo juntos.

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